Thursday, August 16, 2018
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La ciencia responde para qué sirven las cejas

Las cejas se han convertido en una obsesión últimamente: tatuadas o micropigmentadas, delineadas y rellenadas con líneas gruesas y oscuras, han establecido una tendencia que va más allá de la depilación o del trenzado. Levantar una y dejar la otra abajo generalmente significa incredulidad, diversión, curiosidad. Levantar ambas puede sugerir sorpresa o consternación. Pero no siempre fue así.

Los primeros humanos tenían arcos de las cejas (arcos superciliares) gruesos y huesudos mucho menos ágiles que los nuestros, incapaces de expresar algo más que: “No me molestes”.

Los científicos habían pensado desde hace tiempo que esas cejas tenían un propósito estructural, como apoyo para masticar alimentos prehistóricos. Siempre se descartó que funcionaran como un beneficio evolutivo para demostrar agresión o intimidar a los competidores, como sí lo eran las cejas más llamativas de los humanos modernos.

Sin embargo, cuando Ricardo Miguel Godinho, antropólogo evolucionista de la Universidad de York, creó representaciones digitales de un cráneo que se pensaba tenía entre 300 mil y 125 mil años, se dio cuenta de que no existía ninguna evidencia de que los arcos de las cejas ofrecieran ninguno de los beneficios que sugerían otros estudios previos. “Probó todas las explicaciones posibles y, efectivamente, no hay razones para sustentarlo”, dijo Penny Spikins, una antropóloga que llevó a cabo el estudio junto con Godinho.

Los hallazgos, que se publicaron el 9 de abril en la revista Nature Ecology & Evolution, indican que las cejas humanas siempre han sido una herramienta esencial humana, y que las frentes más lisas y las cejas más expresivas de los humanos modernos podrían haber evolucionado para adaptarse a nuestras relaciones cada vez más complejas.

“Con una frente más plana, más vertical, toda el área arriba de los ojos obtiene más movilidad, y los músculos pueden hacer gestos comunicativos muy sutiles”, dijo Spikins. Esos gestos, como levantar las cejas para demostrar que reconoces a alguien, dijo, “suelen usarse más para expresar amabilidad que intimidación”. Aunque una hipótesis como esta es difícil de probar sin una máquina del tiempo, Spikins dijo que surgió por las observaciones en la vida real de Paul O'Higgins, coautor del estudio. “Paul estaba muy frustrado de que sus hijas pasaran tanto tiempo en el espejo del baño perfeccionando sus cejas y se preguntaba: ‘¿Para qué son las cejas?'”, recordó. “Entonces fue cuando nos dimos cuenta de que quizá sí son muy importantes”.

New York Times News Service

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