Saturday, October 19, 2019
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Se popularizan los viajes de ida y vuelta a Colombia para comprar productos básicos

Adela Leal es una de las venezolanas que entreteje la historia de un país desabastecido. Ella, quien vive en el centro del país —a más de 900 kilómetros de la frontera con Colombia— ya ha vuelto como parte de su rutina ir en “excursiones” privadas de ida y vuelta hasta Cúcuta o hasta el Puerto de Santander para comprar productos básicos que son más costosos en su propio país, Venezuela.

Para ir a comprar, afirma Leal, “hay mil maneras de salir de Venezuela”: se organizan viajes exprés desde Caracas, Valles del Tuy, Trujillo, Puerto La Cruz y otros lugares del territorio nacional con destino a San Antonio del Táchira o al Puerto de Santander. Partiendo en autobuses de hasta 52 personas, una vez allí, los pasajeros son orientados por los organizadores para sacar el carnet de movilidad fronterizo (en caso de no poseerlo), hacer el cambio de dólares a pesos, retirar de dinero en casas de envió colombianas y, finalmente, la realización de compras en el centro de la ciudad o en centros comerciales.

Otro tanto ocurre hacia el occidente del país, desde donde son frecuentes los viajes hacia Maicao, Riohacha o Barranquilla, entre otras ciudades neogranadinas.

La escasez, las remesas y ahora la diferencia de precios entre Colombia y Venezuela han sido el impulso para el negocio de organizar viajes “cómodos y seguros” que se mercadean por redes sociales y grupos de Whatsapp.

Desde Caracas salen desde la plaza Altamira a las 4:00 p. m. del día anterior y llegan a las 7:00 a. m. al destino (Cúcuta) y a las cuatro de la tarde deben estar de regreso. El punto de partida en los Valles del Tuy es el terminal de pasajeros de esa localidad.

Y a pesar de los costos adicionales —el paquete de viaje y la asesoría cuestan entre 25 y 45 dólares por persona—, el esfuerzo que implica viajar desde el centro de Venezuela hasta el cruce del Puente Internacional Simón Bolívar para ahorrar dinero, en efecto, “vale la pena”: hacer mercado en Colombia es más barato que en Venezuela.

Así lo registró un estudio de Econométrica, al señalar que, a finales de junio de 2019, adquirir 15 productos (entre ellos: cremas de belleza, avena y derivados, bebidas gaseosas, pan integral, detergente en polvo, lavaplatos, malta, cubitos, arvejas) era más costoso en Venezuela que en el país vecino.

 

“La situación nos ha llevado a pasar trabajo (…) por eso compro comida para mi casa y revendo los productos para multiplicar el dinero que invertí. La gente me pide que traiga bombas para los cumpleaños, pañales, detergentes, harina de trigo, leche en polvo”, señala Adela y continua la lista enumerando productos básicos que son escasos o inaccesibles a la población debido a sus altos precios dentro del país.

Y sobre esto, Ronald Balza, economista y decano de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Católica Andrés Bello, señala que la diferencia de precios entre ambos países está signada por la baja producción y la escasez dentro de Venezuela; los costos de transporte e introducción de importaciones a Venezuela y la creciente desigualdad en la distribución de las riquezas entre la población que deviene ingresos en dólares y la que no.

El economista señala que de esta situación han emergido comercios —como los bodegones— dirigidos a personas que pueden pagar la oferta, con perfiles específicos, pero también se han generado otro tipo de negocios como lo es llevar a la gente hasta la frontera y que ellos mismos compren. Como si fueran pequeñas importaciones.

Mientras para unos pocos los bodegones, con precios en divisas por encima de los precios en los mercados originarios de los productos importados son una opción, para otros —que tienen ingresos limitados en dólares— los viajes ida y vuelta a Cúcuta son la solución.

De hecho, cada vez son más las transacciones locales en divisas, producto de la mayor cantidad de personas con ingresos en moneda dura. Cifras de Ecoanalítica indican que hasta junio de este año, 40 % de las transacciones que se realizan en Venezuela se pagan en moneda extranjera, un volumen ocho veces mayor al registrado en 2012

“Lo que la gente quiere es comodidad y seguridad. Todo el mundo anda viajando, buscando más barato. Uno entusiasma a la gente con eso”, señala Belkis de González, quien organiza viajes desde febrero de este año. Belkis alquila un buscama por 900 dólares, cobra 25 dólares por puesto y trata de hacer dos viajes al mes.

González advierte que con un presupuesto de entre 70 y 150 dólares se puede comprar un “buen mercado” para el consumo propio, mientras que se necesitan unos 600 dólares para invertir. Algunas personas se devuelven con alimentos, artículos de higiene, medicinas, ropa, calzado, chucherías, perfumes, bolsos, carteras, teléfonos y hasta repuestos de carros para revender.

Las alcabalas encarecen el negocio

Las alcabalas son una preocupación constante en todos los relatos. Se contabilizan entre 20 y 32 alcabalas en el trayecto de San Cristóbal a Caracas y se denuncia que la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) exige el pago de vacunas a cambio de no revisar el equipaje. De lo contrario, decomisan la mercancía o demoran los viajes.

Por esto, los organizadores exigen que cada persona aporte al menos 30.000 bolívares en efectivo para tales fines. “Últimamente no se montan [al autobús los GNB], y si lo hacen es porque quieren más dinero. Los pasajeros se dan cuenta. Uno se baja de la mula”, señala de González. Los choferes, conocedores de la ruta, hacen el enlace con las autoridades.

Por su parte, Adela Leal recomienda llevar unos 200.000 bolívares en efectivo, pues además del pago en las alcabalas, se necesita para pagar taxis, “carrucheros” —personas que ayudan a trasladar el equipaje— y los excesos de equipaje. Devolverse con un saco de 70 kilos, distinto a la maleta personal, podría costarle, mínimo, 25.000 bolívares en efectivo, advierte.

Aunque reconoce que revender productos que trae de Colombia le deja ganancias, sigue considerando que el viaje no es cómodo. Al pasar el puente “hay aguas negras, basura y mucho desorden”. Adicional a ello, advierte que los colombianos saben que miles de venezolanos van a comprar allá, por lo que se debe estar atento a los sobreprecios. “Un policía me dijo que había precios como si eso fuera Bogotá. Comprar por el Puerto Santander es más tranquilo” .

En cuanto al cambio de la moneda, recuerda que el bolívar prácticamente no tiene valor y hay que llevar dólares o pesos. En este sentido, señala que en las casas de cambio ofrecen mejores tasas diferenciadas de acuerdo con la denominación. A mayor denominación, mejor cambio.

En los últimos años, la dinámica fronteriza entre ambos países se ha visto marcada por la migración, el comercio transfronterizo, el contrabando, la trata de personas y hasta conflictos por ayuda humanitaria. Aunque los containers que obstaculizaron el puente internacional Simón Bolívar en los eventos del 23 de febrero se han puesto a un lado del camino, la movilidad de personas que salen y entran del país no se detiene. Algunos salen en un viaje de ida y vuelta a Cúcuta, pero otros salen sin pensar en el retorno. Quienes regresan continúan su vida en medio de una crisis sin precedentes.

Crónica Uno

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